martes, 6 de febrero de 2018

TRAVESÍA ZÜCKERHÜTL

  




    Allí nos plantamos a primera hora en el glaciar de Stubai. Nuestro objetivo el Zückerhütl (3507m), cima cuyo nombre siempre me gustó: Pan de azúcar. Nuestra idea era la de compartir la mañana pero nuestros planes cambiarían.... Y es que a veces la montaña da sorpresas.

Inevitablemente siempre relaciono el glaciar de Stubai con frío y viento. Sin embargo los días soleados son una maravilla y la predicción del tiempo nos daba una temperatura bastante llevable y nada de viento. Pero no fue realmente como fue. Subimos a la estación e iniciamos nuestro primer descenso hasta la base en la cual iniciaríamos nuestro ascenso. Nos preparamos y ya antes de empezar podía sentir el frío en los huesos. Había que moverse. Comenzamos a subir y todo iba bien. Ritmo suave, sin prisas, buenas sensaciones. A medida que ibamos subiendo el viento empezó a soplar. Pero a las 2 horas de recorrido llegamos a una zona donde el viento ya era terrible y el frío no dejaba respirar. En cuestión de un minuto dejé de sentir los dedos de las manos. Era el momento de buscar cobijo, entrar en calor, tomar una pausa y abrigarnos más. Comimos y nos pusimos otra vez en marcha.

El día estaba claro pero el viento seguía azotando. La verdad es que a pesar de no ser una ruta difícil se hacía duro continuar. Llegamos a la base del Zückerhütl a 3.400 m. Ya no faltaba nada. Era una pena abandonar pero decidimos que no era el mejor día para hacer cima. Nada más importante que la seguridad. Pues bien, en este punto teníamos 2 caminos de vuelta para elegir. La idea era hacer un descenso tranquilo puesto que unos metros más abajo el viento comenzó a disiparse. Sin embargo el camino elegido dio más problemas de los que pensamos. Llegamos a nuestro punto de referencia (un refugio de montaña) más tarde de lo esperado. El cansancio hacía mella y aunque todavía era totalmente de día en escasas 2 horas comenzaría a escurecer. ¡Genial...! no encontrábamos la ruta.

No era momento de hacer tonterías: no íbamos a continuar. L a mejor opción era quedarnos en el refugio y descansar. Y así lo hicimos. Aquí los refugios de montaña están preparados para emergencias. Pudimos acceder a una pequeña salita con camas y mantas, madera, cerillas y estufa.
Lo cierto es que a pesar del fuego que encendimos la noche fue muy fría y nos despertamos congelados. Prendimos de nuevo leña por la mañana para entrar en calor, y cuando nos sentimos mejor reanudamos la vuelta a casa. Esta vez encontramos el camino a la primera (menos cansancio y mentes frescas).

Había sido una "excursión" un tanto más larga de la esperada, pero llegamos :-)



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